Antes de nada, una advertencia: si tu lista está mal, este artículo no te va a servir. El mejor correo del mundo mandado a alguien que no tiene tu problema es spam, y ahí es donde falla la mayoría de campañas.
Dicho eso, cuando el destinatario está bien elegido, la forma del mensaje sí decide si contesta o no.
El error de fondo: pedir demasiado
El primer correo de casi todo el mundo pide treinta minutos de agenda. A un desconocido. Que no sabe todavía por qué debería dártelos.
Es una petición grande para una relación que no existe. Y como es grande, la respuesta por defecto es ignorarla, que además no tiene ningún coste.
Lo que persigues en el primer mensaje no es una reunión, es una respuesta. Aunque sea “cuéntame más” o incluso “ahora no”. Una conversación abierta se puede llevar a una reunión; un silencio, no.
La estructura que funciona
Una línea que demuestre que has mirado. No un halago genérico, un hecho concreto y con fecha. Que has visto la vacante que han abierto, el cambio que han anunciado, lo que publicó esa persona. Si esa línea vale igual para otras quinientas empresas, no sirve.
Una frase sobre el problema, no sobre ti. Lo que suele pasar en empresas en esa situación. Sin adjetivos y sin presentarte todavía.
Una prueba corta. Con quién lo has hecho, qué pasó. Un dato concreto vale más que tres frases de posicionamiento.
Una petición pequeña. Una pregunta que se conteste en una línea. “¿Lo estáis llevando con equipo interno o con alguien de fuera?” se contesta. “¿Tienes 30 minutos el martes?” no.
Y ya está. Si pasa de cinco o seis líneas, sobra algo.
Lo que hay que quitar
La presentación de tu empresa al principio. A nadie le importa todavía.
Los adjetivos. Líder, innovador, especializado. No aportan y suenan a plantilla.
Las tres preguntas seguidas. Contestan a cero.
El calendario en el primer mensaje. Llega demasiado pronto.
El seguimiento de aperturas con imagen incrustada. Aparte de lo que hace con la entregabilidad, se nota.
Sobre la personalización
Hay una confusión útil de deshacer. Personalizar no es meter el nombre de la empresa en la primera línea. Eso lo hace todo el mundo y ya no engaña a nadie.
Personalizar es que el motivo por el que escribes solo valga para esa empresa. Y eso no sale de una plantilla con variables, sale de la señal por la que entró en tu lista. Si construiste la lista con señales de verdad, la personalización viene casi gratis, porque ya sabes por qué escribes hoy a esa persona.
Si te cuesta personalizar, el problema está una fase antes.
Sobre el asunto
Corto y descriptivo. Lo que parece un asunto interno de trabajo funciona mejor que lo que parece marketing.
Lo que no funciona: preguntas manipuladoras, falsos “Re:”, urgencia inventada y mayúsculas. Aparte de que ya no engañan, condicionan la respuesta de quien sí abre.
Cómo saber si el problema es el copy
Con dos números:
- Abren y no contestan: aquí sí, el mensaje no está haciendo su trabajo. Revisa la petición antes que el estilo.
- No abren: no es el copy. Es entregabilidad o es la lista. Empieza por aquí.
Distinguir estos dos casos evita meses de reescrituras inútiles.
Preguntas rápidas
¿Cuánto debe medir? Que se lea entero en el móvil sin desplegar. Cinco líneas es una buena referencia.
¿Uso plantillas? Como estructura, sí. Como texto que se manda tal cual cambiando el nombre, no.
¿Y si no contesta? Ahí entra la secuencia, que es otro tema. Cuántos toques y de qué tipo.
¿Escribo yo o lo escribe un agente? La investigación previa la puede preparar un agente muy bien. El envío sin que nadie mire, no lo recomendamos.
Cómo lo hacemos
Escribimos a partir de la señal por la que esa cuenta entró en la lista, no de una plantilla. Y revisamos antes de mandar, siempre. Es más lento y es lo que evita los desastres que luego cuestan meses de reputación.
Es parte de outbound. Media hora y miramos tu caso.